Hoy es un día inmensamente triste para la familia de la esgrima. Nos ha dejado Álvaro Calderón, un pilar fundamental de nuestro deporte, un grande dentro y fuera de las pistas, y un absoluto caballero. Su partida deja un vacío imposible de llenar, pero también un legado eterno en todos los que tuvimos la suerte de cruzar aceros y compartir la vida con él.
Como tirador, Álvaro era el epítome de la nobleza y la brillantez técnica. Quienes se enfrentaron a él recordarán siempre su inconfundible estilo: ese sutil golpe lanzado desde la distancia perfecta, que te castigaba mentalmente y te sacaba de quicio. Era un competidor formidable, un habitual indiscutible y una presencia constante en lo más alto de los podios de las competiciones. Un verdadero guerrero que imponía respeto con el arma en la mano.
Sin embargo, su grandeza iba mucho más allá de las pistas. Fuera de ellas, Álvaro era una persona extraordinariamente cercana, un maestro siempre dispuesto a regalar un buen consejo y a contagiar su visión positiva de la vida. Para él, la esgrima no era solo un deporte; era su forma de vivir.
Esa inmensa pasión fue la que lo llevó a vincularse durante tantos años a la Asociación Española de Veteranos de Esgrima (AEVE). Como nuestro eterno presidente, asumió la inmensa labor de acoger a una comunidad de veteranos que en aquel entonces se encontraba huérfana, ayudando a crear para todos nosotros un espacio, un hogar y una familia que hoy no sería lo que es sin su incansable dedicación.
Hoy, las redes y los corazones de nuestra comunidad se llenan de mensajes de dolor, pero también de profunda gratitud. Echaremos de menos su eterna sonrisa, su maestría y su calidad humana.
Desde la AEVE, enviamos nuestro más sincero pésame y un abrazo enorme a su familia y amigos en estos momentos tan difíciles.
Hasta siempre, Álvaro, te vamos a echar mucho de menos. Que nos sigas guiando desde el otro lado.
Descansa en paz, Maestro.
